El niñ@ que no quiere acostarse (Modificación de conducta)

20
feb
El niñ@ que no quiere acostarse (Modificación de conducta)
El niñ@ que no quiere acostarse (Modificación de conducta)
  • Lira Paulino
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Consideraciones:

Se ha de tener en cuenta que el niñ@ se resiste a acostarse por diversos motivos: podría tener miedo de la oscuridad o de no despertarse, o sentirse insegur@ cuando está sol@. Indudablemente, le gustaría más jugar o ver la televisión y, en realidad, preferiría la compañía y atención de sus padres.

Cuando l@s niñ@s se hacen mayores, su vida social adquiere preponderancia, no obstante, tod@s deben tener su hora de acostarse; y si se quiere paz en casa, los padres no pueden transigir en esta cuestión. Al decir: «chic@s, ¿no creéis que ha llegado el momento de acostarse?», los padres están declinando  responsabilidad y sus hij@s no se acostarán a la hora adecuada. Si habitualmente se le permite al niñ@ permanecer levantad@ «sólo un poco más», se tendrá siempre problemas con el momento de acostarse. De haber la menor posibilidad de transigir, l@s niñ@s más nervios@s se agarrarán a ella. De ahí pues que para muchos padres, conseguir acostar a sus hij@s es una más de las batallas al final de un largo día, justo en el momento en que ellos necesitan tiempo para sí mismos.

Para los padres novatos, seguir estos consejos, puede zanjar los problemas nocturnos antes de que empiecen. Si la hora de acostarse ya es un problema, será necesario planificar nuevas iniciativas para conseguir que el  niñ@ duerma. Es importante:

  • Decidir y acordar lo que se hará.
  • Transmitir al niñ@ que el cambio es inminente.
  • Poner el plan en marcha el día 1.

 

Orientaciones:
Decidir cuándo hay que acostarse 

Se debe decidir el momento preciso en el que debe acostarse y, una vez decidido, proceder con firmeza. Esto no significa que los padres deban ser absolutamente rígidos e insistir en que se debe estar siempre en la cama a las ocho en punto, aunque justo en aquel momento acabe de llegar papá o esté en casa el tío José. Sin embargo, cuanto más capaces sean de concretar el momento de acostarse, más fácil será conseguir que el niñ@ se duerma a una hora fija.

Importante: No se debe utilizar la palabra «oscuro» para indicar el momento de acostarse, porque en verano con la luz de día esto será causa de problemas.

 

Crear hábitos para ir a dormir

L@s niñ@s encuentran seguridad en la rutina. Les gusta la seguridad de lo habitual y es importante disponer de ciertos objetos con los que pueden contar, como por ejemplo: su martillo azul  junto a él cada noche, colocar sus muñecas bajo la manta, besar a todos antes de irse a su habitación y que después todos vayan a darle un beso cuando ya está acostado, etc…

Tanto los rituales como los detalles reconfortantes de seguridad, tales como mantas viejas o perros de trapo, de los que dependen algun@s niñ@s, les sirven para separarse de los seres queridos y pasar del estado de vigilia al de sueño.

Los padres no deben reírse de los hábitos del niñ@, pero  tampoco deben consentir que se vuelvan demasiado pesados. Se ha de limitar el número de juguetes que se lleva a la cama, tal vez puede ser un libro y un juguete que escoja.  Algun@s alargan esto demasiado, lo que comporta quince minutos adicionales para conseguir que, por fin, se vayan a la cama.

 

Hábitos nocturnos regulares

A l@s niñ@s siempre les gusta saber lo que ocurrirá un instante después de “ahora”. Unos hábitos nocturnos regulares conseguirán que  sepa que el momento de acostarse se acerca y que por tanto, debe parar. Se puede seguir esta guía para establecer una rutina nocturna:

  1. Simplificar: Tomar en consideración el horario de la familia y las preferencias del niñ@. No comenzar con normas que después no podrán seguirse. La rutina de acostarse debe proporcionar una sensación de seguridad cálida, un final del día confortable. Se discutirán por encima las incidencias del día que termina y se planearán cosas para el día siguiente, como por ejemplo preparar su ropa junto a los libros cuando los niñ@s  son más crecid@s. Leer un cuento o comer una galleta ayudará a otros a entender que ha llegado el momento de acostarse, utilizando señales que hagan patente la rutina.
  2. El niñ@ debe saber cuándo empieza la rutina del momento de acostarse. Puede ser tan simple como decir «el momento de irse a la cama es el momento en que termina tal o cual programa de televisión». O se pueden intentar señales visuales. Por ejemplo, dibujar un círculo en una hoja de papel de color, dividirlo en secciones clasificadas como hora de jugar, hora de acostarse y hora de los cuentos. Hacer una flecha de papel y fijarla en el centro del círculo. Señalar con la flecha en la sección apropiada cuando llegue el momento. O se puede dibujar un reloj con las manecillas señalando el momento de acostarse y colocarlo cerca del reloj real. Cuando las manecillas del reloj real coincidan con las del reloj casero, el niñ@ sabe que es el momento de irse a la cama.
  3. Mantener al niñ@ calmad@: Las peleas o los juegos muy activos inmediatamente antes de irse a la cama, no le preparan  para dormir. Media hora antes de acostarse, el niñ@ debe encontrarse relajad@ para cuando llegue el momento. Más que una guerra de almohadas o un juego de pelota serán unas costumbres sosegadas que incluyan la higiene habitual, la lectura, la narración de cuentos o la música. Todo esto, que suaviza el momento de acostarse, también debe seguirlo la persona que se ocupe de él (padres, niñera, abuelit@…) cuando le ponga en la cama, o cuando es más tarde y el niñ@ se siente agotad@,  precisando una ayuda adicional para conseguir una noche de calma.
  4. Hacerlo especial: Lo ideal sería que el momento de acostarse fuera cálido y acogedor. Tanto para los padres como para el niñ@ es un momento de calor y de seguridad. A muchos  les encanta escuchar una y otra vez el mismo cuento antes de irse a la cama. A otr@s les complace escuchar cuentos inventados o les divierten las canciones infantiles como costumbre en el momento de acostarse.
  5. No hay que pensar que l@s niñ@s algo mayores no necesitan estos hábitos. Incluso a los preadolescentes les encanta que les lean o bien les gusta utilizar estos momentos para charlar de algo importante o preguntar algo antes de que se convierta en un problema. El momento de acostarse es una excelente oportunidad para los padres de acercarse a sus hij@s. Los hábitos al acostarse, que comienzan en edad muy temprana ayudarán al niñ@ toda su vida. Algun@s adquieren el hábito de leer, otros escriben su diario o planifican el día siguiente. Otr@s hacen ejercicios de relajación.
  6. Se ha de ser flexible, pero también se ha de saber cómo terminar las “costumbres rituales”. Si no se sabe cómo tomar la decisión final cuando ha llegado el momento de apagar la luz y de dormir, la rutina nocturna puede convertirse en algo cansado o interminable. Los padres no deben permitir evasivas, ni dejarse convencer de seguir leyendo «un cuento más». En vez de esto, se ha de anunciar de antemano las historias que se leerán aquella noche y aferrarse a lo que se ha dicho. Si trazar límites es un problema para algunos padres, éstos pueden apoyarse en otras ayudas, como su propio reloj o un minutero. Hay que decir al niñ@ que «cuando el reloj marque las 9:30, ha llegado el momento. Luces apagadas o en 15 minutos, el reloj sonará, lo que significa apagar la luz».

 

Hablar con el niñ@ de sus miedos y angustias

Cada persona, incluyendo l@s niñ@s, tiene temores que tienden a manifestarse de noche. Los padres deben animar para que hablen de sus problemas y preocupaciones, a fin de poderlos solucionar, ayudando a que se duerma con un ligero masaje en la espalda.

 

Hacer frente al hecho de levantarse continuamente

>>”Los padres han seguido los hábitos y rituales del momento de acostarse. Cristina se ha metido en la cama hace unos instantes, pero ya no está en ella. Después de diez minutos, ya vuelve a estar en el salón, pidiendo un zumo. Los padres deben intentar seguir las técnicas descritas aquí. Para algun@s niñ@s, una puede bastar, para otr@s será necesario aplicarlas todas para conseguir que permanezcan en la cama”.

Llévale a la cama y pon un despertador que suene al poco tiempo: Dile que regresarás a su habitación antes de que suene. Gratifícale con un masaje en la espalda por permanecer en la cama. Gradualmente, alarga el tiempo que debe permanecer en la cama antes de obtener la recompensa, ya sea un masaje en la espalda o un helado para merendar. Si es necesario, utiliza de nuevo el minutero, y después siéntate y léele hasta que  se haya dormido.

Enseñale cómo irse a la cama: Algun@s niñ@s no consiguen relajarse lo suficiente para poder dormir, por lo que se les pueden enseñar las técnicas de respiración y de relajación. Los padres pueden acostarse un rato a su lado  y hablarle de lo que hay que hacer para quedarse dormid@. Haz que cierre los ojos y en un tono de voz suave cuéntale el cuento de cómo las olas del mar se siguen unas a otras para jugar y vuelven a casa una y otra vez. Recuérdale que debe echarse y quedarse quiet@ y tranquil@, con los ojos cerrados y recordar las olas. También se puede usar la imaginación para pensar en sus propias escenas para quedarse dormid@.

Colocar junto a él todo lo que se necesita para la noche: un vaso de agua, una cajita con una linterna, su juguete favorito, un cassette o la radio para escuchar antes de dormirse.

Para los bebés que aún permanecen en la cuna pero no son lo suficientemente mayores para hablar, los hábitos nocturnos, a menudo, requieren actos más definitivos que exigen decisión por parte de los padres. Supongamos que se les ha arropado y se les ha dado un beso de buenas noches por cuarta vez, mientras se abandona la habitación diciendo: “Buenas noches. Me voy a la cama”. Se debe cerrar la puerta y no volver atrás, aunque  llore (a menos que se pueda pensar que  se encuentra realmente mal) durante veinte minutos. Si después de veinte minutos  aún llora, se ha de volver a su habitación indicándole que se duerma. Besarle y salir de nuevo durante otros veinte minutos. Si es necesario, hay que repetir esta rutina cada noche, hasta que  perciba que su táctica no da resultados. Importante: si cesa de llorar, no regreses a su habitación para comprobar qué ocurre hasta estar seguro de que  está profundamente dormid@ o, de otro modo, reincidirá.

Utilizar un gráfico: Un gráfico del momento de acostarse es eficaz para los niñ@s, permitiéndoles ganar puntos para alguna recompensa deseada. Al principio, los padres deben dar puntos por permanecer en la cama durante cinco minutos, después se ha de prolongar gradualmente el tiempo requerido para acumular los puntos necesarios.

No discutas: Si el niñ@ suele salirse con la suya, será preciso aplicar consecuencias negativas: pérdida de privilegios al día siguiente o acostarse más temprano la próxima noche.

 

Debemos reforzar la cooperación del  niñ@
  • Utilizando palabras y acciones, hay que darles respuestas positivas por su cooperación en el momento de acostarse. Planificar la rutina y llevar a cabo el plan completo a la vez. Puesto que a veces es difícil modificar comportamientos establecidos, se puede necesitar de entrada ofrecer recompensas, quizás utilizando “el gráfico del momento de acostarse” si este se ha convertido en la lucha de cada noche. Se pueden dar puntos por respetar las costumbres y por permanecer en la cama antes de dormirse. Al principio puede darse  una recompensa cada noche. Las recompensas pueden incluir, por ejemplo: un programa extra de televisión, sábanas especiales, un caramelo antes de dormirse para el día siguiente. Entretanto el niñ@ acumulará puntos para una recompensa mayor que le costará más esfuerzo ganarse. Las grandes recompensas se escogerán entre el «menú» de cosas o actividades que los padres saben que quiere.
  •  Habitualmente el niñ@ que no quiere ir a la cama a su hora es porque tiene algo más entretenido que hacer. En este sentido se debe fijar un horario muy definido para ello, que deberá cumplir siempre. Si el niñ@ ve que puede variar este horario lo hará. Para ello no se debe permitir que vea la televisión con sus padres, es necesario que se retire a su habitación y se acueste. Uno de los trucos que intentará será el de conversar y preguntar tratando de postergar el momento.
  • Otra causa de negativa para dormir en su horario es el temor a quedarse sol@ en su habitación. En este caso conviene que uno de los padres lo acompañe y le acueste descartando cualquier peligro y dejando la puerta abierta y encendida alguna luz distante. Nunca está de más comentar lo grande y valiente que parece estar el niñ@ por haber logrado dormirse sol@.
  • Otras actividades que ayudan en este sentido son instaurar rutinas que le relajen, como leer cuentos o contarle historias previas al acostarse, de tal manera que la secuencia vaya cumpliéndose inexorablemente.
  • Si  llora y dice que tiene miedo, regresa a la habitación y cálmal@ durante algunos minutos, asegurándole que vas a estar muy cerca y atent@.
  • Si  se levanta de noche y va a tu cama, lléval@ a su habitación una y otra vez, explicando que cada uno tiene su cama y que todas son seguras y tranquilas. Si cedes en alguna oportunidad te será muy difícil volver a lograr que esto se revierta. La única excepción puede ser durante una enfermedad en la cual es preferible que  instales un diván o silla plegable para vigilarl@ en la habitación del niñ@, o bien coloques un despertador para controlar sus molestias cada cierto tiempo. Una vez que la enfermedad haya pasado volverá a cumplirse la rutina previa, explicándole  que ya está bien y no necesita cuidados especiales.
  • Durante el día no permitas siestas prolongadas y en las mañanas despiértal@ a la hora fijada de antemano.

 

Fuente: Proyecto Ambezar, orientacionandujar – Imagen: Juan Diego Botto, en una escena del Filme: “Todo lo que tú quieras”, de Achero Mañas.

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